Efecto pigmalión

   La mitología cuenta , que un noble rey con excepcionales dotes de escultor, esculpió una hermosísima estatua de mujer, era tan hermosa que el rey todos los días la contemplaba y le adjudicaba alguna característica de esta ser humana, ella sería la mejor bailarina, la más inteligente, la más, la más, la más, la sembró de tantas y tantas características favorables que se la imagino perfecta, y se enamoró, eran tan altas sus expectativas, que pidió a los dioses le concedieran el deseo de convertirla en una mujer de carne y hueso y así fue.

   El efecto Pigmalión lo podemos ver desde dos ángulos, el primero lo que se puede hacer con otro y segundo lo que puedo hacer por mí. Hoy vamos con el primero.

   Para seguir con el orden, no vamos ahora a 1968, se hizo un estudio en escuelas de los Estados Unidos llamado el estudio Rosenthal, en ese estudio el investigador  dijo a los profesores que habían realizado un test de capacidades especiales y que el 20% de sus alumnos habían salido sobresalientes y que de brindarles el apoyo y las herramientas podían explotar al máximo su potencial. Pues bien, durante el año los maestros auparon a estos alumnos, les exigieron más y esperaban las repuestas en base a esas exigencias, los maestros tenían una expectativa altísima con respecto a ese grupo y los trataron con base a ellas. Al termino del año, esos jóvenes en efecto salieron sobresalientes, los profesores felices porque las expectativas del estudio se habían cumplido, lo bueno es que el doctor Rosenthal dijo después que el test nunca se realizó.

   Es decir, si una persona de influencia (padres, profesores, entrenadores, etc.) siembran en la persona altas expectativas sobre sí misma, tanto la persona como el influenciador esperaran respuestas a la altura de dichas expectativas.

   Te pongo un ejemplo: si le dices a tu hijo, eres inteligente, eres muy inteligente y tu podrás lograr todo aquello que te propongas, ¿qué crees que creerá tu hijo? ¿qué piensas que pase  cuando algo no le salga bien?, es así , lo volverá a intentar, porque es inteligente y él puede lograr lo que se proponga, te lo cambio, ¡ muchacho tu si eres bruto!, ¡ hay que ver que no sirves para nada!, ¿ qué expectativas puede tener ese muchacho de sí mismo? Si se equivoca o no le sale algo que él quiere lograr, ¿crees que lo intente? Y  por que no? ¡porque es brutooo!

   Si como el rey, sembramos en nuestro hijo, nuestro empleado, el ciudadano una alta expectativa de sí mismo él se lo va a creer, y se esforzara por lograr todo aquello que en él se ha sembrado. Una compañera de trabajo me dijo, pero cuando salga a la calle ese entorno hostil me dirá que no sirvo, que soy gorda, etc. y eso me va a deprimir, pero una persona con expectativas altas de sí mismo ¿con que herramientas se enfrenta a la vida? ¿podrá o no salir adelante ante la adversidad? , el otro, el que no cree y en quien no creen, ni siquiera se atreverá a intentarlo, equivocarse y volverlo a intentar, no tendrá ni la confianza, en sí mismo, además ( puedo hacerlo, mi papa y toda mi gente confía en mí y yo sé que lo puedo lograr) , ¿es distinto cierto?, es otra actitud, y créeme amigo que la actitud lo es TODO.

    El efecto placebo me permite dar otro ejemplo sobre lo que es el efecto Pigmalión,  entendemos por efecto placebo “ Sustancia que carece de acción curativa pero produce un efecto terapéutico si el enfermo lo toma convencido de que es un medicamento realmente eficaz, donde la FE del enfermo en el medicamento y EN EL MEDICO dan lugar al efecto placebo”. A lo que voy, es la fe y la confianza que el paciente tiene en su médico y la expectativa que él genera en el medicamento y este a su vez sobre el enfermo lo que da el resultado.

   Si logramos por medio de nuestras palabras y acciones, generar altas expectativas de ellos mismos en otras personas, estamos en el efecto Pigmalión, ojo recuerda que así como podemos hacer que crean y se sientan triunfadores y muy probablemente den los pasos hacia el éxito, también podemos lograr lo contrario. La próxima semana vamos con la segunda parte. 

Guillermo Tell

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